El Cerro y el Vía Crucis en la pluma de un ilustre ñembyense

«Un acontecimiento ejemplar», se titula la columna de este domingo del reconocido periodista de ABC Color Alcibiades González Delvalle, uno de los ilustres pobladores de Ñemby, donde rescata el valor cultural de nuestro Vía Crucis de Semana Santa, a la vez que destaca al Cerro Ñemby como una patrimonio tangible que hace a la construcción de nuestra identidad.

«Por muchos años los ñembyenses asistieron impotentes a la destrucción de su cerro» escribe Delvalle. «La codicia iba acabando con la identidad del pueblo, convertida en mercancía», agrega.

«De todos modos -dice-, lo que ha sido una tragedia ecológica se convirtió en una ocasión para vigorizar la fe religiosa, las tradiciones, el arte único de los estacioneros». «El pedazo que dejó la empresa que explotaba la cantera, sirvió para que el ingenio, la voluntad, la perseverancia, fuese el escenario por segundo año de un suceso asombroso», afirma sobre el Vía Crucis de los días santos, organizado por la Municipalidad, la Parroquia local y la comunidad católica de Ñemby.

Delvalle compara la gesta ciudadana por la recuperación del Cerro Ñemby, que derivó en la transferencia de las tierras a la Municipalidad el año pasado mediante decreto presidencial y la entrega de los títulos en febrero de 2019, con «otro acontecimiento que hace muchos años había unido el pueblo: la construcción de la torre de la iglesia». Cuenta que «no se contaba con un centavo más que lo que pudiera obtenerse de una feria dominical» y que «era la contribución voluntaria de los fieles» lo que empujaba el proyecto. «Al cabo de mucho tiempo y sacrificio económico, al fin concluyó la torre que se levantó majestuosa, desafiante. Cuando solo faltaba coronar la obra con una cruz reluciente, la torre se vino abajo. Nada quedó más que un cerro de escombros. De esta tragedia doy detalles en mi novela “Función Patronal”, relata. «Suavizado el dolor, se comenzó de nuevo. Esta vez con mejor suerte, como puede verse desde lejos», agrega.

Dice que «en las dos dramáticas ocasiones –la caída de la torre y la destrucción del cerro– Ñemby dio muestras de ejemplar entereza para sobreponerse de su desgracia con serenidad. Un personaje del dramaturgo español, Alejandro Casona, cuenta la muerte de sus hijos en una mina y termina con esta frase: “Los lloré de pie, trabajando”, afirma.

«El pueblo volvió a ponerse de pie y trabajó con entusiasmo para hacer de su cerro –o de lo que ha quedado de él– un escenario de su fe religiosa, creatividad artística, capacidad de sostener y realizar un proyecto común que demandó discusiones, debates, disensos, pero nunca la intención de abandonar la idea de coronar la propuesta por una sencilla razón: se trataba de un bien común, de un beneficio para todos», señala.

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